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Domingo 15 de Septiembre

Vigesimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario: Las tres lecturas de hoy se centran en el mismo tema: "El amor y la misericordia de Dios". En la primera lectura leemos c6mo fue que a pesar de la maravillosa obra de Dios al salvar a los israelitas de las manos de los egipcios, a(n asf se descarrilaron. Se desviaron del camino que Dios les habfa marcado, crearon y adoraron un ternero fundido. Dios los perdon6 debido a la intercesi6n de Moises a su favor. Su perd6n es gratuito, dado gratuitamente sin ninguna condici6n por amor.

Pablo en la segunda lectura reconoci6 cuan pecador e ignorante era, pero en su conversi6n experiment6 el amor misericordioso de Dios. Los fariseos en el evangelio no estaban contentos de ver a Jes(s mezclado con los pecadores. Cristo justific6 sus acciones usando varias parabolas: la oveja perdida, el hijo perdido y la moneda perdida para ilustrar el amor y la misericordia de Dios hacia los pecadores.

De varias maneras nos hemos alejado del camino que Dios ha trazado para nosotros. Es como estar perdido. Estar perdido es estar en pecado, perder la marca de Dios, es estar lejos de la mansi6n del Padre, privandonos de la bondad de Dios. De alguna manera nos hemos encontrado volviendo, siendo encontrados por Jesucristo el Buen Pastor. Es el resultado del amor y la misericordia de Dios. El nos muestra misericordia cuando nos desviamos de seguirlo. De hecho, somos llamados al arrepentimiento y a la misericordia de Dios cuando pecamos. Y si pecamos una y otra vez, hay alguien allf buscando que volvamos a casa, porque le pertenecemos y somos preciosos para el, esa persona es Cristo.

Como cristianos que hemos experimentado el perd6n, el amor y la misericordia de Dios, debemos mostrar una preocupaci6n activa por aquellos que estan perdidos. Hay muchos que estan perdidos hoy, estan perdidos espiritualmente, moralmente y de otras maneras. Es nuestro deber mostrar interes en ellos para que se sientan valiosos. Y si se arrepienten, deben ser bienvenidos con alegrfa. Una vez mas, la pregunta es: lsomos tan indulgentes con los demas como Dios lo es con nosotros?

 Dios los bendiga,

Padre Ignacio Dibeashi

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