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Domingo 29 de Septiembre

Primera lectura (Am6s 6:1, 4-7) el profeta Am6s habl6 en contra de los ricos de este tiempo. Su crimen era que no les importaba lo mas mfnimo la situaci6n de los pobres, condenaba a los ricos que s6lo buscaban su propio consuelo, y usaban su posici6n social para llevar una vida perezosa y feliz. Ellos continuaron su forma de vida hasta que finalmente la ira de Dios los atrap6. Perdieron su libertad, sus lujos y su patria para siempre. lNo hay una lecci6n para nuestro tiempo en las advertencias del profeta Am6s?

Segunda lectura (1 Tim 6:1, 4-7) en esta lectura Pablo exhorta a Timoteo a esforzarse por alcanzar la perfecci6n en su observancia de la fe Cristiana. De hecho, la lectura esta dirigida a todos nosotros porque a traves del bautismo hemos sido hechos hijos e hijas de Dios. Estamos destinados al cielo. Todos somos predicadores del mensaje evangelico a los demas de diversas maneras. Todos estamos llamados a ser testigos ante nuestros semejantes de la fe que es la nuestra. Como cristianos estamos llamados a practicar las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, pero sobre todo la caridad, que es la reina de todas las virtudes.

Evangelio (Lucas 16:19-31) se trata de la famosa parabola de Jesus sobre el hombre rico y Lazaro. Ha dejado a los sabios de las Escrituras vagando por que el hombre rico debe ir al infierno ya que no ha hecho nada malo en el sentido de que fue la elecci6n de Lazaro de ser pobre mientras que el hombre rico ,hizo su riqueza a traves de medios honestos. A menudo pensamos que pecamos s6lo con palabras, hechos y pensamientos. Esta el pecado de la omisi6n y nos olvidamos siempre. Cuando nos alejamos de cumplir con nuestras responsabilidades hacia los necesitados, cometemos el pecado de la omisi6n. La parabola nos recuerda que el pecado de omisi6n puede llevar a alguien al infierno. Esto es lo que le pas6 al hombre rico. Algunos de nosotros podrfamos pensar que la parabola no esta dirigida a ellos. Puede que no sean ricos materialmente; aun tienen algo que pueden compartir con alguien necesitado. Hay muchas personas que nos encontramos a diario mendigando, no necesariamente pan o dinero; puede ser por amor, un poco de reconocimiento, perd6n o companfa. Es absolutamente necesario empezar a compartir desde ya. Somos bendecidos de diferentes y varias maneras. Abramos las puertas de nuestros corazones y veamos. Echen un vistazo a su alrededor; probablemente haya un Lazaro a su alrededor rogando que le presten atenci6n.

 
Dias las bendiga,

Padre Ignacia Dibeashi

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