Confirmación


Antes de ser crucificado, Jesús prometió a sus seguidores que enviaría su Espíritu para consolarlos y fortalecerlos. Fiel a su promesa, el Espíritu Santo fue derramado sobre ellos en Pentecostés, cuarenta días después de su resurrección. El sacramento de la Confirmación es nuestro propio Pentecostés. Al ser confirmados, recibimos el Espíritu Santo mediante la unción con aceite y la imposición de manos por parte del obispo o un sacerdote designado por él.

 

Un profundizamiento de nuestra identidad cristiana

 

La Confirmación es un sacramento católico de compromiso cristiano maduro y de profundización de los dones bautismales. Es un sacramento de fe en la fidelidad de Dios y completa el don bautismal de la gracia. Enriquece al confirmado con una fuerza especial del Espíritu Santo, lo une más firmemente a Cristo y completa su iniciación como miembro pleno de la Iglesia.

 

Al recibir este sello sagrado, demostramos que pertenecemos a Dios. Mediante la unción, los profetas, reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento fueron elevados a una posición especial en su servicio a Dios. Así sucede con nosotros cuando recibimos el santo óleo en la frente: pasamos a formar parte del sacerdocio de todos los creyentes, somos testigos de Cristo y herederos de su trono.

 

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